Y me preguntó lo que yo más temía y lo que todavía no sabía responder.
-¿Eres feliz?
- No lo sé- os juro que fue la mejor respuesta que pude encontrar.
-¿Por qué piensas que no eres feliz?
-No te he dicho eso.
-Una persona que contesta "no lo sé" es porque tiene una enorme lista de
pros y contras- Me sonrió socarrón pero el tema de conversación no
cambió y decidí ser sincera ( dentro de mis posiblidades)
- Tal vez sea porque espero demasiado de la vida, de mi tiempo, de las
personas que me rodean, de ciertos días, de ciertas citas, de ciertos
momentos. Soy yo la impaciente, la que no se conforma, la que quiere ser
una persona que siempre sonría, que siempre se lo pase en grande.Soy la
romántica del grupo, la idiota, la tímida, la que no confía en sí
misma. Soy la que no me gustaría ser y es un gran problema. Me paso la
vida esperando y no me doy cuenta de que los momentos son irrepetibles y
cuando quiero volver atrás, es imposible. Soy de las que se sientan a
esperar año tras año, la que espera enamorarse , la que tiene prisa para
todo, aunque no debería tenerla... ¿no?
-¿Por qué deberías ser feliz?- y su mano se acercó un poco a la mía.
- Tengo una familia genial y unos amigos especiales. Tengo metas y
sueños y no sé si se cumplirán pero me encanta tenerlos. Soy de las que
se levantan, de las que pueden con todo. No me dejo utilizar y no
utilizo a nadie. No cuento mi vida a desconocidos y puede que eso me
ayude a ser independiente, me las sé arreglar yo solita. Tengo una vida
que no está del todo mal, vale que no sea perfecta pero tampoco nos
tienen que dar las cosas tan fáciles. Cuando me enamore, lo haré de
verdad y cuando ría, lo haré por que lo siento. Me encontraré a mi misma
antes de que cualquier otro pueda encontrarme....- y el se acercó más -
¿No te das cuenta que lo más feliz que tienes en tu vida es el concepto
de felicidad?
-¿Cuál es?
- Que cuando esperas, luchas. Cuando quieres hacer tal o cual cosa,
luchas. Cuando dices que no eres feliz, luchas por serlo aún más. No
desaprovechas nada..., solo te diría que cambiaras una cosa- ya no
podía oírle, estaba paralizada.
- ¿ Y es?
- Tienes que aprender a dejarte llevar- entonces se acercó, deprisa,
demasiado deprisa, estaba a tres centímetros de mi boca. Y no pude
esperar más, le besé, sintiendo lo que nunca antes había sentido. Quizá
la felicidad no esté tan lejos como uno piensa.
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