Elegir.
A simple vista, puede parecer un verbo cualquiera de esos de tercera
conjugación que de pequeña te hicieron aprender y que de mayor te
obligarán a utilizar. Conmigo lo han intentado, pero yo no soy una
persona a la que le guste elegir. Quiero tenerlo todo. Esto, eso,
aquello... sin poner condiciones ni reglas. Simplemente, lo quiero. Hay
personas las cuales entienden que eso es un símbolo de egoísmo o un
gesto de inmadurez. No lo pondré en duda, pero me gustaría darle otro
punto de vista. ¿Y si no quiero elegir porque no me quiero cerrarme
puertas? ¿Y si no me gusta elegir porque no soportaría perder
oportunidades? ¿Y si sólo intento buscar y encontrar lo correcto a
través de varios caminos?. PREJUICIOS, de nuevo. Seré una persona
insegura, inmadura, egoísta... puede ser que sí, al igual que puedo ser
una persona cauta, oportunista y planificadora. Nunca se me dio bien eso
de ponerme en frente de un camino y decir: ¿izquierda o derecha?.
Tampoco me gustó eso de hacer una lista con los pros y contras para
tomar una decisión. Quizá el miedo a equivocarme es lo que me hace no
arriesgar. A lo mejor sólo busco aquello que más me favorezca,
analizando el resto de ofertas que se me ponen sobre la mesa.
Pero llega ese momento, tarde o temprano, en el que tienes que elegir. Sí o sí. Entonces, me entran las dudas y los nervios. Me empiezo a preocupar. Miro por mi bien. Hacer lo que quiero, hacer lo que es correcto, ir a lo seguro, arriesgar, ganar, perder... Al fin y al cabo, ELEGIR.
Pero llega ese momento, tarde o temprano, en el que tienes que elegir. Sí o sí. Entonces, me entran las dudas y los nervios. Me empiezo a preocupar. Miro por mi bien. Hacer lo que quiero, hacer lo que es correcto, ir a lo seguro, arriesgar, ganar, perder... Al fin y al cabo, ELEGIR.
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